¿Por qué resisten los palestinos? La lógica de la vida y la muerte en Gaza

Por Ramzy Baroud

Tomado de Rebelión

De nuevo se está gestando otro enfrentamiento entre Israel y el Movimiento de la Resistencia Palestina, Hamas, por la liberación de Avraham Mengitsu, un ciudadano israelí, que según fuentes militares israelíes, “se introdujo en Gaza” el 7 de septiembre de 2014.índice

Las circunstancias de la entrada de Mengistu en Gaza no están muy claras, especialmente desde que el líder político de Hamas, Jaled Mashaal, negó que el ala militar de Hamas esté reteniendo al ciudadano israelí.

Según el ministerio de defensa de Israel, hay otro israelí retenido también en Gaza. Acaba de levantarse el secreto del sumario por la desaparición de Mengitsu, pero hay otra orden de silencio que permanece en vigor respecto al segundo supuesto detenido israelí.

Según funcionarios israelíes, las negociaciones indirectas por su liberación están aún por comenzar. Para Hamas, que según Mashaal ha sido contactado por Israel a través de interlocutores europeos, no hay discusión posible hasta que Israel libere a 71 palestinos. Esta es la cifra de palestinos que volvieron a arrestar poco después de liberarlos en 2011 tras un intercambio de prisioneros entre Hamas e Israel. En aquel tiempo, un intercambio de presos facilitó la liberación de 1.027 palestinos (477 de ellos, al parecer, afiliados a Hamas) y Gilad Shalit, un soldado israelí capturado y retenido por combatientes de Hamas durante cinco años.

La nueva perspectiva de negociaciones permitirá a Hamas plantear el tema de la violación israelí del último acuerdo de intercambio de prisioneros. Al volver a arrestar a prisioneros liberados, cualquier futuro acuerdo con Israel parecería una frivolidad y una medida temporal para asegurar los intereses inmediatos de Israel si no existe un compromiso total e incondicional respecto a la libertad de los presos palestinos recién liberados.

Al disponer la potencia ocupante de un acceso sin restricciones a los territorios palestinos ocupados en Jerusalén y Cisjordania, Israel puede detener a cualquier palestino y acusarlo de “terrorismo” sin necesidad de muchas pruebas o del serio debido proceso. Los esfuerzos israelíes para asfixiar cualquier forma de resistencia, armada o no, cuentan a menudo con el apoyo de la Autoridad Palestina, cuyos matones de la seguridad están totalmente entrenados y equipados para aplastar cualquier disidencia en Cisjordania. La última prueba la constituyen una serie reciente de arrestos, sobre todo contra partidarios de Hamas y otras voces disidentes.

Muchos escépticos cuestionaron el primer intercambio en 2011. Algunos preguntaban, ¿cuál es el valor de asegurar la liberación de cientos de prisioneros si Israel puede volver de nuevo a arrestarlos según se le antoje?

Los palestinos continúan teniendo que enfrentar el mismo dilema de todos y cada uno de los movimientos de liberación nacional de los tiempos modernos. Los nativos americanos tuvieron también que regatear con el mismo dilema mientras se enfrentaban al genocidio y aniquilación.

Un intelectual bien intencionado me aconsejó recientemente que los palestinos deberían deponer las armas, desmantelar sus instituciones y permitir que Israel tomara Gaza, lo que, a su vez, haría que Israel tuviera que respetar las normas que regulan los territorios ocupados. ¿Pero acaso Israel ha prestado alguna vez atención a las estipulaciones del IV Convenio de Ginebra o de cualquier otra legislación internacional respecto a los derechos de una nación ocupada? Israel ha violado más resoluciones de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad de la ONU que ninguna otra nación sobre la tierra y atender los asuntos de los civiles ocupados jamás ha sido una prioridad para Israel.

La guerra de Israel contra Gaza de hace un año ha acarreado una devastación mucho mayor que la de cualquier otra guerra del pasado. Un informe de las Naciones Unidas recientemente publicado, aunque culpabilizaba a Israel, culpaba también a los palestinos de atacar a los civiles. Aunque se esperaba que el informe rechazara el lanzamiento al azar de cohetes de fabricación casera sobre áreas civiles, la narrativa, en su conjunto, pone en pie de igualdad a Israel, un agresor y ocupante poderoso, con los palestinos, que están en perpetuo estado de indefensión.

Aparte del informe de la ONU, junto con algunos otros informes, así como los tímidos intentos de la Autoridad Palestina para conseguir que la Corte Internacional de Justicia se implique en la investigación de los crímenes de guerra israelíes, poco ha cambiado en Gaza. El sufrimiento abunda, la insuficiente ayuda apenas basta para mantener a la gente con vida, la reconstrucción brilla por su ausencia, los apagones eléctricos son largos y frecuentes y el asedio sigue en vigor, más horrendo que nunca. Además, la Agencia de la ONU, la UNRWA, dedicada al bienestar de los palestinos, tiene 101 millones de dólares de deudas y apenas le llegan fondos de los donantes.

El pensamiento fugaz de que “el mundo no va a quedarse parado tras la guerra de 51 días de Israel contra Gaza (la denominada ‘Operación Marco Protector’)” fue tan sólo eso: un pensamiento fugaz, similar a la ilusión que siguió tras la llamada “Operación Plomo Fundido” en 2008-2009. La cifra total de muertos palestinos en ambas guerras fue de casi 4.000 seres, en su mayoría civiles y una inmensa proporción de niños. Pero el sufrimiento, por supuesto, se extiende más allá de esos 4.000 muertos y de sus doloridas familias, porque hay decenas de miles más que resultaron heridos o mutilados, porque la empobrecida infraestructura de la Franja quedó totalmente destruida y el trauma colectivo no encuentra precedentes.

Las justificaciones de Israel de que su actuación estuvo impulsada por la necesidad de proteger a sus civiles en las zonas fronterizas es cuando menos muy débil, ya que los 69 o 73 israelíes muertos durante la última guerra eran soldados que murieron mientras llevaban a cabo una misión para invadir la asediada Franja.

Pero si los palestinos no resistieran, ¿habría empleado Israel tanta potencia de fuego? ¿Habría sido, quizá, algo más amable en su trato hacia ellos?

La resistencia armada se mantiene mínimamente en Cisjordania y Jerusalén, con gran presencia del ejército israelí que se encuentra estacionado allí y donde los ilegales y fortificados asentamientos judíos están en constante expansión. El ejército y los colonos israelíes matan e hieren regularmente incluso a manifestantes desarmados y a quienes lanzan piedras. Y mientras la Autoridad Palestina sigue jugando un papel crucial controlando a la población, Israel acumula la riqueza que obtiene de su ocupación. No sólo la ocupación israelí de Cisjordania es la menos costosa de todas las ocupaciones ilegales en tiempos modernos, es también la más lucrativa.

Esperar que Gaza no resista es una invitación a que Israel complete su humillación del pueblo palestino, utilice la Franja para obtener ganancias financieras (por ejemplo, el gas natural cercano a la costa y los enclaves de playa racialmente segregados, etc.) y convierta a sus hombres, mujeres y niños en una mano de obra barata que intenta ganarse la vida para asegurarse la mera supervivencia. En efecto, eso es lo que viene sucediendo desde hace tantos años, empezando en 1967 y hasta la supuesta retirada de Israel en 2005.

El fracaso de la comunidad internacional a la hora de actuar tras la última ronda de masacres en Gaza significa que los palestinos están solos, al menos por ahora. Sus hermanos árabes están consumidos por sus propias desgracias o abiertamente conspirando contra la diminuta y resuelta Gaza.

Así pues, aunque las matemáticas de la resistencia no se sumaran –ya sea en intercambios de prisioneros carentes de garantía alguna o en las aterradoras cifras de muertos-, los palestinos continuarán resistiendo en Gaza. Sus “fidayin” (combatientes de la libertad) así lo vienen haciendo desde 1948, con la actual generación manteniéndose alerta y vigilante en la frontera en 2015.

No se trata de una cuestión de estrategia, no es sino un acto gobernado por la lógica tan sencilla en la que viven: o la vida con dignidad o la muerte con honor.

El Dr. Ramzy Baroud lleva más de veinte años escribiendo sobre Oriente Medio. Es doctor en Historia de los Pueblos por la Universidad de Exeter. Editor-jefe de Middle East Eye, columnista de análisis internacional, consultor de los medios, autor y fundador de PalestineChronicle.com. Su último libro es “My Father Was a Freedom Fighter: Gaza’s Untold Story” (Pluto Press, Londres). Su página web: ramzybaroud.net

Fuente: http://www.counterpunch.org/2015/07/16/why-palestinians-fight-back-the-logic-of-life-and-death-in-gaza/

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