Las mujeres palestinas, resistencia, lucha y valentía

Las mujeres palestinas celebran el 8 de marzo entre lágrimas y dolor

Las mujeres palestinas celebran el 8 de marzo entre lágrimas y dolor

Las mujeres palestinas, famosas por su resistencia, su apego a su patria, su determinación, su paciencia y por la educación de una generación determinada, celebran este 8 de marzo en un contexto particular marcado sobre todo por la continuación de la ocupación y la ausencia de perspectivas en los territorios ocupados.

Estén donde estén, en Cisjordania, en Gaza, en los territorios ocupados en 1948 o en el exilio, la determinación de las mujeres palestinas es mayor que nunca y como toda la población esperan un mañana mejor, un mañana de libertad y paz.

Desde este año la Autoridad Nacional palestina ha decidido considerar festivo el 8 de marzo en los territorios palestinos, una iniciativa bien recibida por toda la población para rendir homenaje a las mujeres, aunque siga siendo largo el camino hasta que la obtención de todos sus derechos.

Los y las palestinas celebran este día mundial de la mujer pensando particularmente en las mujeres presas en las cárceles israelíes, en las cisjordanas que desafían la ocupación y la colonización, y en las gazatíes que sufren, como el resto de la población civil, este bloqueo inhumano impuesto desde hace más de ocho años por las fuerzas de ocupación.

Las mujeres palestinas celebran el 8 de marzo entre lágrimas y dolor. Piensan en las personas mártires, en las personas heridas, en las personas presas y en la población civil de Gaza que el verano pasado sufrió esta nueva agresión que causó más de 2.200 muertos, entre ellos 300 mujeres, sin olvidar a las 2.000 personas heridas.

En la primera línea del conflicto, las mujeres palestinas están muy comprometidas. Desempeñan un papel importante en nuestra sociedad, siguen sacrificándose para que sus hijos y las futuras generaciones tengan un futuro mejor. Ellas son quienes dan a Palestina sus héroes y heroínas. Ellas padecen todo el sufrimiento de su patria.

La mujer palestina que lucha sin descanso con dignidad tiene un valor excepcional, es a la vez madre del mártir, mujer del preso y abuela de los jóvenes desesperados. Siempre está presente para apoyar a su marido, para ayudar a sus hijos, para dar esperanza y para participar en el desarrollo de una sociedad en crisis.

Está fuertemente implicada en la vida social y económica, desempeña un papel fundamental en la vida de las familias, de los pueblos, ciudades y organizaciones. De hecho, es un elemento fundamental de cohesión en la sociedad palestina.

El 75% de las personas que frecuentan las universidades en Palestina son mujeres y la tasa de escolarización entre las mujeres palestinas es superior al 87%.

Cuando la mujer palestina pierde a su marido, mártir por Palestina, sacrifica su vida por sus hijos e hijas, no piensa en su vida privada, se ocupa de ellos y los educa en el respeto y apego a su tierra.

En la muy difícil situación económica que prevalece en Palestina muchas de estas mujeres trabajan para ayudar a su marido y a su familia, crean cooperativas, venden productos artesanales y llevan a cabo pequeños proyectos para poder vivir dignamente.

Están siempre presentes en todos los sectores: en el trabajo, en los partidos políticos, en las asociaciones, en las manifestaciones, en los mercados. Participan y defienden sus derechos y los derechos de sus hijos e hijas. Con su valor y determinación los animan a ir a la escuela a pesar de las barreras y de los checkpoints israelíes, suelen ir a recoger la aceituna con sus maridos a pesar de las amenazas de los colonos y de los soldados, llevan a cabo una resistencia ejemplar contra la ocupación y sus medidas, luchan por un lugar primordial en la sociedad.

En este 8 de marzo pensamos en las mujeres palestinas muertas por una Palestina libre, en las mujeres presas, en las mujeres que dieron a luz en un checkpoint israelí, en las mujeres que detrás del Muro del Apartheid se levantan a las 3 de la mañana para preparar la cartera de sus hijos e hijas y acompañarles al colegio, en las mujeres que desafían a los soldados y a los colonos en el campo y en las manifestaciones populares. Pensamos en las mujeres de Gaza que siguen soportando este inhumano bloque israelí y animando a una sociedad a esperar. ¡Qué valor! ¡Y qué determinación!

Este extraordinario valor de las mujeres palestinas que antes de pensar en sí mismas piensan en los demás, en sus hijos e hijas, en sus maridos, en su familia, este extraordinario valor es una inspiración y un ejemplo para nosotros, los hombres.

Rendimos también homenaje a todas las mujeres del mundo solidarias con nuestra justa causa, por su valor, por su movilización y por sus diferentes acciones de apoyo a los y las palestinas en su lucha por la libertad.

Las mujeres de Palestina merecen todo nuestro respeto, merecen leyes que mejoren su estatus en nuestro país y no solo esta fiesta de un día, merecen toda nuestra admiración.

Un gran homenaje a la mujer palestina: origen de nuestra sabiduría, canto de nuestra esperanza, remedio para nuestras heridas, riqueza de nuestra tierra, luz de nuestra memora, ángel de nuestra historia, símbolo de nuestra paz, sentido de nuestra identidad, tierra de nuestros antepasados. Ella es el futuro de nuestra gran Palestina de paz y de justicia.

Tomado de Rebelíon

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